EDICIÓN ABRIL 2004
 
Antecedentes Industriales de Sonora
 
Por Enrique Yescas / publicista y editor
 
 
Romanticismo y tradiciones se ciernen alrededor de las historias de los viejos tiempos, aquellos en los que las cachimbas alumbraban los tejabanes llenos de obreros indígenas o chinos trabajando en las industrias y las minas de Sonora. Recuerdos de orgullosos herederos de aquel esfuerzo para traer a Sonora las máquinas, la tecnología mecánica de vapor o combustión llenan páginas de libros y han sido tema de simposios entre los historiadores.
Como todas las civilizaciones, los sonorenses hemos evolucionado con los tiempos pero además en este noroeste mexicano se han mezclado razas y culturas traidas unas de la Europa sajona, otras de España y también a través de este país, desde el medio oriente, haciendo una amalgama de carácter y una singular disposición al trabajo y la creatividad.
La industria es parte de esta evolución y así como un día llegaron a Sonora los misioneros con arados y piedras de molino, ahora en el siglo XXI recibimos con beneplácito a los visitantes exploradores que, en busca de componentes vitales, contemplan a Sonora como destino y asiento para sus fábricas.
Así, como en el pasado la luz del carburo y la fuerza del animal ayudaron al hombre aquel en su trabajo de extracción minera, hoy dominando muchos secretos de la moderna y molecular ciencia, estamos preparados y participando en las grandes industrias del mundo: la producción de electrónicos y computadores; automóviles y también componentes aeroespaciales.
 
 
  La historia de la industria en Sonora es anterior a la llegada de los españoles, pues hay evidencias de procesos indígenas de transformación de semillas y productos naturales. También algunas manualidades que en regiones se manufacturaban para intercambiarse por otras de origen remoto.

A raíz de las comunicaciones, que facilitaron la transportación inició el fenómeno de la globalización a Sonora la trajeron los conquistadores allá por 1500 cuando nos enseñaron, además de sembrar, a preparar las harinas en los grandes molinos y a usar tracción animal o la energía hidráulica.

Sonora ocupa un extenso territorio, en la actualidad son 185,341 km2, pero siglos atrás la región con este y otros nombres, era tres o más veces su tamaño. Al llegar los primeros visitantes y enseñar o compartir con los aborígenes las técnicas para confección del vestido, la conservación de alimentos y los procesos para extraer y beneficiar minerales, Sonora presenta los antecedentes históricos de su actual industria.
 

La riqueza de México y los valiosos yacimientos que los españoles descubrieron y explotaron en Sonora, trajeron consigo instrumentos y maquinaria de la más actual para su tiempo.

Alambiques para destilar el producto del agave, crisoles, retortas, morteros y hornos para ensayes y procesos mineros; molinos de piedra para el trigo, llegaron acompañando a los jesuitas y franciscanos que en sus misiones o pueblos de visita tuvieron a bien compartir con los sonorenses.

Por muchos años no hubo evolución en aquello que llegó de Europa. Al mismo tiempo que los navegantes llegaron a Sonora vía Guaymas importando artefactos modernos, por el norte se aproximaron los colonos americanos trayendo también otras técnicas de otros paises de aquel continente. Así, podemos ver cómo evolucionó la cocina típica, cómo la medicina trajo instrumentos y aparatos, los medios de transporte adquirieron tecnología diferente para eficientar su tracción y las industrias, caseras aún, empezaron a crecer para dar servicio regional.

Las máquinas de imprenta fueron tal vez, después de los molinos, las que a lomo de mula llegaron a Sonora; luego las calderas y los pesados instrumentos para la fundición minera.

La globalización estaba presente y las guerras del mundo se reflejaron en Sonora muchas veces al igual que en el resto de México. Es a mediados del siglo XIX cuando en todo el mundo despertó la industria y Sonora no se quedó atrás; la minería fué la importadora de más tecnología a todo el estado instalando molinos, concentradoras de mineral y sistemas de generación de fuerza. Los motores de vapor, los de combustión al igual que la energía eléctrica llegaron a los centros de producción minera de Sonora antes que a muchos pueblos de la era moderna en todo México. Luego con el establecimiento del ferrocarril de Guaymas a Nogales, se instaló el primer viaducto que conectó dos aduanas internacionales a través de suelo mexicano dando lugar a lo que hoy llamamos corredor fiscal y desarrollando en su camino las economías de Hermosillo, Magdalena y otras muchas pequeñas estaciones a lo largo del trayecto por el que circularon los trenes de la época porfiriana.

Los molinos de caña y de granos, tuvieron autonomía regional y de ellos dependieron muchas comunidades para la “maquila” de las harinas y la molienda, que comerciantes y familias procesaban para su autoconsumo o comercio en la región. Tenerías, talabarterías, fábricas de jabón y hasta tela y cerveza figuran en los antecedentes de la industria actual y algunos sobrevivieron a la revolución hasta mediados del siglo XX, otros sucumbieron con los efectos de la crisis de finales de la decena de 1920.

En la época moderna de la industria en Sonora, figura el trabajo de liderazgo de los gobiernos consecutivos a partir de 1964 cuando oficialmente a este estado se le empieza a considerar con carácter industrial y destino para el establecimiento de fábricas en sus fronteras al formar parte del programa de facilidades del gobierno federal para la industria de maquiladora.

Bajo este programa, Sonora experimentó un nuevo rubro en sus actividades: producir artículos de componentes importados y exportarlos terminados agregando el valor de la mano de obra de ensamble y en algunos casos de confección.

El sistema de la industria maquiladora en la frontera mexicana tenía como propósito que los ensambladores, siendo mexicanos dieran el servicio y aportando cada vez más componentes mexicanos para integrar los artículos que finalmente se exportan ensamblados a Estados Unidos y a otros países. En la evolución y cumplimiento dee los plazos de los acuerdos de aquel programa, fue poca pero interesante la aportación tecnológica y de componentes que se realizó.

Luego vino el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC) y se modificaron algunos conceptos arancelarios y, junto con el creciente fenómeno de la globalización, la industria sonorense se consolida con una imagen de calidad mundial entregando a los mercados de Norteamérica los productos de su industria establecida en todo el estado como la automotriz-Ford que en diez años ha acumulado un sinúmero de premios de calidad.

Con éxito y repitiendo modelos propios en maquila, shelter y paquetes integrales que ofrecen edificio, mano de obra y servicios empresariales y administrativos, la industria y los promotores en Sonora aportan la generación de riqueza regional ahora participando en espacios selectos y reservados para la alta tecnología como lo es la industria aeroespacial que ensambla y produce componentes que habrán de formar parte de los equipos de aeronáutica y navegación sideral de esta nueva era.

 
 
Las Comunicaciones globalizan y la industria evoluciona
 
 
Así como gracias a los caminos, rutas marinas y ferrocarril llegaron muchas inversiones en maquinaria y hasta a lomo de mula subieron sierras para establecerse en las regiones rurales de Sonora, años después llegó el abasto desde el centro de la república y concluyó con ello una época para muchas industrias regionales como los molinos, las curtidurías y las jaboneras.

Los molinos no pudieron competir con grano o harinas llevadas hasta las comunidades serranas por los sistemas de abasto popular que patrocinados por el gobierno cubrieron el estado por las nuevas carreteras y ofrecían a menor precio los productos. Luego la producción central de México se extendió a los estados surtiendo ropas, telas y, finalmente la minería cambió sus procesos a la extracción al tajo abierto y a la electrólisis eliminando la fundición y los trabajos subterráneo con todos sus equipamientos.

A Sonora llegaron a establecerse a mediados del siglo XX, un nuevo tipo de industrias como las aceiteras, las despepitadoras de algodón, cervecerías y enlatadoras en grande escala que transformaban las materias primas locales para llevarlas a mercados remotos y de la misma manera los comerciantes nos pudieron traer productos manufacturados en otras partes del país.

Víctor Villalobos, cronista y amigo de Sahuaripa dice en su ponencia para el XIII Simposio de la Socieded Sonorense de Historia:

“En la mitad del siglo XX, floreció por todos los ámbitos del estado, una industria rudimentaria a base de mucho esfuerzo humano cuya principal energía era “El amor”, y con trabajo masivo de calidad y rendimiento, generó infinidad de fuentes de trabajo para decaer al entrar la mecanización y a la vez; la revolución social del proletariado que implantó el sueldo diario fijo de oficio y proscribió el trabajo a destajo, pero en la misma medida; subieron los costos que la hizo perder competitividad y paulatinamente; a extinguirse por falta de rendimientos.

En Sahuaripa existían tres molinos harineros que procesaban todo el trigo que se cosechaba en la región, dos eran en vapor (mecanizados posteriormente) y uno movido por agua.

Para piloncillo había siete trapiches de tradición animal que elaboraban la caña de azúcar y conservas que abastecían a toda la región, igualmente habían algunas fábricas de cigarros hechas a mano con el tabaco producido aquí mismo y un sin número de costureras que fabricaban ropa; desde un simple vestido o camisa; hasta trajes o vestidos de novia, de afuera solo venían las telas e hilos.


Igualmente se fabricaba jabón para lavar la ropa de casa y así como el BACANORA con alambiques rudimentarios diseminados por todo el municipio.

Éramos autosuficientes en casi todo y hoy, traemos todo hecho de las grandes ciudades...”


Hoy, en el siglo XXI, la comunicación es fácil, el transporte barato y la industria busca como siempre, producir a menor costo y para ello elige el paquete más completo que las regiones del mundo le ofrecen.
 
 
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